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Columna Periodística -Sin Redundar-

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Por Carlos Avendaño                                      15 Octubre 2026

Rocha Moya: la crisis que obliga a MORENA a mirarse al espejo. La caída política del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, tendría que encender las alarmas de MORENA en todo el país. No se trata únicamente de lo ocurrido en Sinaloa, sino de lo que este episodio exhibe sobre el ejercicio del poder, responsabilidad pública y la identidad de un partido que llegó al gobierno prometiendo transformar la vida política de México. El regreso de Rocha Moya a la gubernatura el pasado 21 de agosto de 2026, después de más de tres meses de licencia -escondido sabría Dios en dónde y de quién- detonó una crisis que terminó con nueva solicitud para separarse del cargo apenas treinta y tantas horas después. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la dirigencia nacional de MORENA se deslindaron de esa reincorporación, calificándola como decisión personal. El episodio dejó descubierta una fractura política que el oficialismo atendió inmediatamente. La intervención política de la presidenta fue determinante para encauzar la crisis. Pero más allá de quién impuso condiciones o quién tuvo que dar marcha atrás, la pregunta de fondo es: ¿Qué debe aprender MORENA de lo sucedido? Porque un partido que se dice izquierdista no puede conformarse con ganar elecciones, acumular cargos y conservar mayorías legislativas. Tiene que demostrar en los hechos que sus principios se traducen en gobiernos honestos, instituciones funcionales, políticas públicas que reduzcan desigualdades y servidores públicos sujetos a rendir cuentas. La izquierda no debería ser solamente una etiqueta electoral ni una consigna para los mítines. Implica compromisos concretos con la justicia social, los derechos laborales, los servicios públicos, la transparencia y el combate a los privilegios. Y aquí es donde MORENA tiene tarea pendiente: revisar si todas sus decisiones de gobierno han sido congruentes con estos principios. En materia de seguridad, salud, educación, política económica, transparencia y relación entre el poder y la ciudadanía, existen decisiones que merecen examen serio, sin propaganda y sin descalificaciones automáticas. El caso Rocha Moya vuelve todavía más urgente esta revisión. El exgobernador fue señalado por las autoridades estadounidenses por presuntos vínculos con el crimen organizado, acusaciones que deben investigarse mediante procedimientos legales correspondientes, que no equivalen por sí mismas, a una sentencia condenatoria. Precisamente por esto, la exigencia de transparencia y colaboración institucional resulta por demás indispensable. Lo que MORENA no puede hacer es reducir esta crisis a un problema de comunicación o una diferencia entre liderazgos. Tampoco basta con deslindarse de una decisión cuando sus consecuencias políticas ya son inocultables. Si el movimiento sostiene que el proyecto colectivo está por encima de cualquier persona, debe demostrarlo cuando esta máxima resulta incómoda, incluso si el señalado pertenece a sus filas, y esto no se limita únicamente a Sinaloa. Esta crisis debe servir como advertencia para todos los gobiernos emanados de MORENA. Los cargos públicos no son patrimonio de grupos políticos, las lealtades personales no pueden sustituir instituciones y la popularidad electoral no concede inmunidad frente al escrutinio ciudadano. La pregunta no es si MORENA debe cambiar su discurso, sino que la pregunta es ¿Está dispuesto a revisar sus prácticas, corregir sus errores, establecer controles efectivos y exigir responsabilidades sin importar el apellido, el cargo o cercanía con el poder? Porque la verdadera transformación no se mide por el número de años que un partido lleva gobernando, sino por su capacidad para corregir y cumplir aquello que prometió. MORENA tiene ante sí una disyuntiva política: convertir la crisis de Sinaloa en una oportunidad para recuperar congruencia o conformarse con administrar el desgaste y esperar que la memoria ciudadana haga su trabajo. La izquierda que solo se proclama de izquierda, corre el gran riesgo de quedarse en el nombre, aquella que aspira a serlo debe demostrarlo con hechos, decisiones y resultados. Y esta es la cuenta que MORENA tiene que saldar, no mañana y no cuando llegue la siguiente campaña, sino desde ahora…

Zamora pide a Harfuch replantear la estrategia de seguridad en Sinaloa. “Sinaloa no puede convertirse en un cuartel permanente. Necesitamos recuperar la paz, la economía y la vida de nuestras familias”, planteó el diputado federal priista Mario Zamora Gastélum al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch. Durante un encuentro en el marco de la comparecencia del funcionario ante la Cámara de Diputados, Mario Zamora le entregó un documento con un diagnóstico de la crisis de violencia en Sinaloa y tres propuestas para fortalecer la estrategia de seguridad. Ambos acordaron reunirse nuevamente en los próximos días. El legislador federal advirtió que la violencia ya no representa solamente una crisis de seguridad pública, sino también una emergencia económica y social que golpea a familias, trabajadores, comerciantes y empresarios. Según las cifras incluidas en el documento, del 9 de septiembre de 2024 al 5 de octubre de 2026, Sinaloa acumuló 3,956 homicidios dolosos, 12,642 vehículos robados y 4,522 denuncias por privación de la libertad. Además, citó datos del INEGI según los cuales el 90.8 por ciento de los habitantes de Culiacán se sienten inseguros. En el terreno económico, señaló la pérdida de 27,349 empleos formales y 4,704 registros patronales entre abril de 2024 y abril de 2026, así como una contracción económica de 4.5 por ciento durante el primer trimestre de 2026. Aunque reconoció el despliegue de cerca de 20 mil elementos federales, Zamora Gastélum sostuvo que la presencia militar debe traducirse en resultados palpables. Por ello, propuso que el Gabinete de Seguridad sesione periódicamente en Sinaloa; incorporar a ciudadanos, empresarios, productores y organizaciones sociales a las mesas de trabajo, y establecer metas públicas y verificables por municipio. “No le escribo para reclamar, sino para sumar, esto no es un asunto de partidos, es la vida de tres millones de sinaloenses”, expresó el diputado federal Mario Zamora Gastélum. Su mensaje final fue contundente: “Sinaloa necesita que lo volteen a ver”. La pregunta es si estas propuestas lograrán traducirse en una estrategia que devuelva la tranquilidad a las familias sinaloenses…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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