
Columna Periodística -Sin Redundar-

Por Carlos Avendaño
¡“Por compasión deténganse dice el Obispo”! ¿Hasta dónde ha llegado la violencia en Sinaloa? ¡Pero vaya a ver usted estimado lector qué tiempos estamos viviendo! La violencia en Sinaloa ha llegado a niveles que estremecen incluso a quienes todos los días tienen la misión de predicar la paz, la reconciliación y el amor al prójimo. El obispo de Culiacán, Jesús José Herrera Quiñónez, alzó la voz para exigir justicia por la brutal agresión sufrida por el padre Clemente Morales, quien permaneció privado de su libertad durante tres días, periodo en el que fue golpeado, quemado y amenazado de muerte. ¡Tres días de terror que vivió el cura! Tres días en los que un ser humano fue sometido a un sufrimiento que ninguna persona debería de padecer. El prelado informó que la recuperación del sacerdote es favorable, aunque continúa bajo observación médica, y condenó enérgicamente estos brutales hechos. Su mensaje fue por demás contundente: “Por compasión, ¡deténganse!” Una expresión que no solamente está dirigida a quienes cometieron esta atrocidad, sino también a una sociedad que lleva demasiado tiempo enfrentando el miedo, la incertidumbre y la violencia. Y aquí vienen las preguntas por demás obligadas: ¿Qué está pasando con la seguridad en nuestro querido estado de Sinaloa? ¿Hasta cuándo las familias tendrán que vivir con el temor de convertirse en las siguientes víctimas? ¿Cuántas agresiones más se necesitan para que las autoridades fortalezcan verdaderamente las estrategias de prevención, de investigación y de procuración de justicia? Porque no basta con condenar los hechos, ni convocar a reuniones, ni anunciar operativos o desplegar elementos de seguridad. La ciudadanía necesita y quiere resultados por demás urgentes, con investigaciones que lleguen hasta los responsables, con detenciones sustentadas en pruebas y con garantías para que las personas puedan vivir sin miedo. La agresión en contra del padre Clemente también debe de recordarnos que la violencia no distingue profesiones, ni creencias ni condiciones sociales. Cuando un sacerdote es víctima de semejante brutalidad, como cuando lo es cualquier ciudadano, estamos frente a una agresión que lastima a toda la comunidad sinaloense. El obispo tiene razón al convocar a trabajar unidos por la verdad, por la justicia y por la paz. Pero esta tarea no puede descansar únicamente en la buena voluntad de la sociedad. El Estado tiene una grandísima responsabilidad irrenunciable, y es la de proteger la vida y de garantizar que los delitos no queden impunes. La paz no se construye con discursos, sino que se construye cuando las personas pueden salir de sus casas, de trabajar, de ejercer su fe y de regresar con vida y con tranquilidad a su casa. Hoy la exigencia es clara: justicia para el padre Clemente Morales y garantías de seguridad para todos los sinaloenses. ¡Por compasión, deténganse! Y a las autoridades, por responsabilidad, actúen. Pónganse manos a la obra y apliquen la ley tal cual se debe de aplicar…
¡Catalina Esparza llega al DIF Sinaloa! ¿Y los resultados para cuándo? ¡Hay nombramientos que llegan acompañados de expectativas y otros que, desde el primer día, despiertan preguntas! Catalina Esparza Navarrete rindió protesta como la nueva presidenta honorífica del Patronato del Sistema DIF en Sinaloa, en una nueva etapa de la administración estatal encabezada por la gobernadora interina Graciela Domínguez Nava. Esparza Navarrete no llega sin credenciales, es licenciada en Educación Primaria, cuenta con estudios de maestría y doctorado en Educación y ha ocupado responsabilidades dentro del sistema educativo, incluida la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa (SEPyC). Experiencia profesional tiene, pero ahora falta ver cómo se traduce esta trayectoria en los resultados dentro de una institución cuya razón de ser es atender a quienes más necesitan el respaldo del gobierno. Porque el sistema DIF no puede convertirse en una oficina de discursos, ceremonias y fotografías para las redes sociales. Su trabajo debe de sentirse en los hogares de las familias vulnerables, en la atención a las niñas y a los niños, en el acompañamiento a las personas con discapacidad y en el respaldo a los adultos mayores. La propia Catalina Esparza reconoció que el cargo representa un reto y un compromiso, y que la asistencia social debe traducirse en acciones concretas. ¡Pues ahí está el gran desafío estimada lectora y estimado lector! Preguntas por demás obligadas: ¿Qué programas se fortalecerán? ¿Cuántas familias recibirán atención efectiva? ¿Qué presupuesto se ejercerá y con qué resultados? ¿Habrá indicadores públicos para saber si los apoyos llegan a quienes realmente los necesitan? Estas son las preguntas que deberían de marcar el inicio de esta responsabilidad. Pero también hay que decirlo: el carácter honorífico del cargo no lo exime de la obligación de rendir cuentas sobre las tareas que le correspondan. La asistencia social requiere sensibilidad, sí, pero también organización, transparencia y capacidad para convertir los recursos públicos en beneficios verificables. Innegablemente en los pasillos de la política siempre abundan los rumores, las versiones y las especulaciones. Pero sin pruebas, no deben de convertirse en acusaciones ni utilizarse para descalificar a nadie. Lo que sí puede y se debe de examinar, es el desempeño público, la conducción institucional y el cumplimiento de los objetivos del DIF. Porque los cargos honoríficos no deberían de medirse por la cercanía con quienes gobiernan, sino por el trabajo que realizan en favor de la ciudadanía. Ciertamente que Catalina Esparza Navarrete ya tiene el nombramiento, ahora le corresponde demostrar con hechos que el DIF Sinaloa puede mejorar la vida de quienes más necesitan ayuda. Menos protocolo y más asistencia social, menos declaraciones y más resultados. Porque al final de cuentas, todas las familias vulnerables no viven de los discursos, sino que necesitan atención, apoyos oportunos y respuestas concretas…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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