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Columna Periodística -Sin Redundar-

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Por Carlos Avendaño                                      30 Octubre 2026

¡Cuántos millones y tan pocas respuestas! ¿Y cuándo le devuelven al pueblo lo robado? ¡Para reflexionar de manera profunda estimado lector! ¿Cuántos millones de pesos están involucrados en los escándalos, investigaciones y señalamientos que rodean a Jorge Amílcar Olán Aparicio, Guadalupe Taddei Zavala, Andrés Manuel “Andy” López Beltrán, Rocío Nahle García, Adán Augusto López Hernández, Manuel Bartlett Díaz y los hermanos Ricardo y David Monreal? Hablamos de nombres vinculados, en distintos momentos y bajo diferentes circunstancias, con las controversias por contratos públicos, presunto huachicol fiscal, posibles conflictos de interés, nepotismo y señalamientos sobre el manejo de los recursos públicos. Pero pongamos los puntos sobre las ÍES, no existe una cifra única, verificada y judicialmente acreditada, que permita sumar todos estos casos y afirmar que esta cantidad fue robada por las personas antes mencionadas. Los contratos no equivale automáticamente a corrupción, las investigaciones no son sentencias y los señalamientos deben de probarse. Precisamente por esto, las autoridades tienen que investigar y transparentar los resultados. Sin embargo, las cifras conocidas ya obligan a exigir explicaciones. De acuerdo con reportes periodísticos publicados en octubre de 2026, la Unidad de Inteligencia Financiera habría detectado una cuenta de inversión de Jorge Amílcar Olán Aparicio en Suiza con un saldo equivalente a la no muy despreciable cantidad de aproximadamente 1,433 millones de pesos. Esta cifra corresponde a un patrimonio reportado bajo investigación, pero no demuestra por sí misma, que todo este dinero provenga de los recursos públicos o de algunas actividades ilícitas. Por otro lado, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) informó que investiga posibles irregularidades en contrataciones, conflictos de interés y triangulación de recursos en el INE. El monto total de un eventual daño patrimonial tendrá que establecerse mediante las investigaciones correspondientes. Y en el caso del llamado huachicol fiscal, las estimaciones del posible daño al erario han sido enormes, aunque las propias autoridades han advertido que no existe una cifra definitiva que permita atribuir todo este monto hacía algunos responsables específicos. ¡Ahora sí, saquen sus cuentas! Pero háganlo con rigor, porque una cosa es el dinero presuntamente involucrado en diferentes investigaciones, y otra cosa muy distinta, es el dinero efectivamente robado, acreditado y recuperable. Y aquí llegamos al punto central: ¿Cuánto dinero ha recuperado realmente el Estado mexicano y cuánto ha regresado a las arcas públicas después de acreditarse irregularidades? El expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) impulsó el cambio de nombre del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, conocido como INDEP, en enero de 2020. La institución tiene entre sus funciones administrar y dar destino a bienes y activos transferidos al Estado. Entonces, ¿Por qué no exigir que esta política de recuperación de bienes se acompañe de informes públicos, claros y verificables sobre los recursos recuperados de casos de corrupción? ¿Cuánto se ha devuelto al erario? ¿Cuánto se ha destinado a programas sociales? ¿Cuánto permanece sujeto a litigios o investigaciones? Porque el dinero público no pertenece a los políticos, ni a sus familiares, ni a sus amigos, ni a los empresarios favorecidos mediante contratos. El dinero pertenece a todos los mexicanos, incluidos quienes trabajan todos los días para pagar impuestos y esperan que estos recursos se conviertan en hospitales, medicamentos, escuelas, carreteras y servicios públicos. Si se acredita que alguien robó dinero del pueblo, que lo devuelva y que enfrente las consecuencias legales. Sin excepciones y sin importar el partido al que pertenezca. Y si los señalamientos no se sostienen, que también se aclare. La justicia no debe de utilizarse como un arma política, pero tampoco puede convertirse en un escudo para proteger a los poderosos. Porque al final estimado lector, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Cuándo veremos resultados concretos, investigaciones concluidas y dinero efectivamente recuperado? ¡El pueblo bueno y sabio no necesita que le repitan que la corrupción se acabó! Necesita cuentas claras, pruebas, sanciones cuando correspondan y recursos públicos que regresen a donde deben de estar. ¡Que se investigue, que se transparente y que se devuelva hasta el último peso cuya recuperación ordene la ley!…

MORENA: mucho poder y poca comunicación. La gran debilidad de MORENA no está -como muchos creen- en la oposición, sino que está en el micrófono. Un partido que gobierna gran parte del país, pero que no sabe explicar lo que hace, termina convertido en un gigante incomprendido, o peor aún, ignorado. Ahí están los casos de varios gobiernos estatales y municipales: acciones hay, presupuesto hay, estructura hay, pero narrativa, no. Y en política, lo que no se comunica, no existe. El problema no es solo técnico, es de actitud. Gobiernos que no escuchan, que reaccionan tarde, que confunden informar con justificar y que creen que la “transparencia” se presume, en lugar de ejercerse. Porque abrir datos no es lo mismo que generar confianza. Mientras tanto, los ciudadanos no ven resultados claros y los pocos que hay, no se cuentan bien. El resultado es predecible: se pierde el debate público, se pierde la agenda, se pierde la credibilidad y se gana algo mucho peor: la indiferencia. Ejemplo claro: las llamadas “mañaneras”, un espacio que debería ser instrumento de rendición de cuentas, pero que termina diluyéndose entre discursos largos, poca claridad y nulo impacto. No informan, no convencen, no conectan, y si la comunicación no cumple ninguno de estos tres objetivos, entonces no sirve para nada. Aquí no se trata de contratar más asesores, se trata de escuchar a los que ya tienen y entender el momento político. Porque hoy en día, la ciudadanía no solo exige resultados, exige explicaciones claras, directas y creíbles. Si MORENA no corrige su forma de comunicar, no importa cuánto haga en el gobierno, seguirá perdiendo la batalla más importante: la percepción. Y en política perder la percepción, es empezar a perder el poder. Al tiempo y contando, porque 2027 está a la vuelta de la esquina y seguro habrá sorpresas…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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