

Nayarit tiene su propio Rancho Izaguirre.
En La Curva, Xalisco, a 20 minutos de Tepic, la Fiscalía acaba de confirmar lo que las madres buscadoras ya sabían: operó desde 2019 un centro de exterminio con horno artesanal para incinerar personas. Un tambo con diésel, gasolina y jabón para que el fuego se adhiera a la piel. Cuerpos carbonizados arrojados a un riachuelo. Una fosa clandestina. Ropa amontonada.
Seis años. Seis años desapareciendo gente, torturando, quemando, tirando huesos al agua, a plena vista del Estado.
La fiscal de Nayarit lo describe con frialdad forense: “Ahí se coloca un tambo, se llena de diésel, se queman los cuerpos”. Lo que no explica es cómo un centro de exterminio funciona seis años sin que ninguna autoridad municipal, estatal o federal se dé cuenta.
Esa es la fotografía real del control territorial en México.
No es un caso aislado. Es un patrón. Teuchitlán, Jalisco, en marzo. Ahora Xalisco, Nayarit. Antes, San Fernando, Allende, Ayotzinapa. El país se ha llenado de casas de exterminio, de ranchos de adiestramiento, de hornos improvisados donde el crimen organizado decide quién vive y quién deja de existir.
Y mientras eso ocurre, el discurso oficial sigue hablando de “abrazos”, de “disminución de homicidios”, de “estrategia de seguridad”.
La pregunta es inevitable: ¿de qué sirve presumir cifras a la baja si en tu territorio alguien puede montar un crematorio clandestino y operarlo durante un sexenio completo?
Las madres buscadoras encontraron el lugar. No la inteligencia del Estado. No la Guardia Nacional. No la Secretaría de Seguridad. Fueron colectivos de familias, con picos y varillas, los que dieron con la hornilla donde se quemó a sus hijos.
El gobierno no tiene control de la seguridad porque ni siquiera tiene control del territorio. Ha perdido la capacidad de saber qué pasa a 20 minutos de una capital estatal.
La Casa de las Atrocidades de Xalisco no es solo un hallazgo criminal. Es la confesión involuntaria de un Estado rebasado, que llega siempre después, a levantar restos carbonizados y a prometer investigaciones que nunca concluyen.
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