
Columna Periodística -Sin Redundar-

Por Carlos Avendaño
Guadalupe Taddei y el INE: ¡El árbitro también debe rendir cuentas! ¡Aguas, estimado lector, porque cuando las polémicas alcanzan al árbitro electoral, la preocupación no es menor! Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) en el mes de abril del 2023. Desde entonces, su gestión ha estado marcada por diferencias entre consejeros, cuestionamientos a sus nombramientos y una discusión que toca una fibra sensible de la democracia mexicana: la autonomía del organismo encargado de organizar las elecciones, el INE. Uno de los episodios más controvertidos fue la reforma legal de octubre del año 2024 que le permitió designar directamente a titulares de direcciones ejecutivas y unidades técnicas, sin la aprobación previa del Consejo General. Varios consejeros cuestionaron que este cambio debilitaría la colegialidad del Instituto. En enero del año 2026, la Suprema Corte desechó la controversia constitucional promovida contra la reforma por improcedente, por la vía jurídica utilizada. ¡Y ahí está el meollo del asunto! En una institución que debe de actuar como árbitro independiente, la concentración de facultades no es un asunto menor. Aunque una atribución esté contemplada en la ley, también es válido discutir si fortalece los controles internos o si reduce los contrapesos que deben de existir en una democracia. Pero las controversias no terminan ahí. Durante 2026, consejeros cuestionaron varios nombramientos por los criterios aplicados, la experiencia de los perfiles y la representación de las mujeres. Las diferencias llegaron incluso a impugnaciones ante el Tribunal Electoral. Y ahora se suma otro asunto delicado: los cuestionamientos sobre posibles conflictos de interés relacionados con personas vinculadas a proveedores de materiales electorales. Reportes periodísticos señalaron que Jonathan Navarrete Torres, identificado como colaborador y conductor de Taddei, habría tenido poderes legales para representar a Corporativo Zeg antes de incorporarse a su equipo. También se han publicado cuestionamientos sobre las relaciones entre empresas proveedoras y antiguos funcionarios electorales. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pidió al INE aclarar los señalamientos y transparentar la información. Pero hay que ser precisos: la existencia de cuestionamientos periodísticos no demuestra por sí sola que Guadalupe Taddei haya cometido una irregularidad ni que sea responsable de las decisiones comerciales de terceros. Lo que corresponde es investigar, documentar y dar a conocer los resultados. ¡Y esto es precisamente lo que exige la ciudadanía: claridad! Porque el INE no es una oficina cualquiera, sino que es la institución que organiza elecciones, fiscaliza partidos y debe garantizar condiciones de competencia democrática. Su credibilidad importa tanto para quienes apoyan al gobierno como para quienes lo cuestionan. Por esto, la discusión no debería reducirse a sí Taddei es cercana o distante de determinada fuerza política, sino que la pregunta relevante es si sus decisiones están debidamente justificadas, si los procedimientos son transparentes y si existen contrapesos efectivos para evitar cualquier posible conflicto de interés. La autonomía electoral no se demuestra con discursos, se construye con decisiones verificables, reglas claras y rendición de cuentas. Y con las elecciones de 2027 en el horizonte, el reto es todavía mayor. El país necesita un árbitro capaz de organizar un proceso complejo y ofrecer certeza a la ciudadanía, independientemente de quién gane o pierda. Así que, estimado lector, no se trata de condenar anticipadamente a nadie ni de dar por ciertos todos los señalamientos. Se trata de exigir que cada duda relevante tenga una respuesta documentada y que las autoridades competentes actúen cuando existan elementos para hacerlo. Porque si al ciudadano se le exige respetar las reglas electorales, quienes conducen al árbitro también deben someterse al escrutinio público. El INE debe de cuidar las elecciones, pero también debe de cuidar la confianza de los mexicanos. Y esta confianza no se exige, se gana con transparencia, imparcialidad y con hechos no palabras…
Sheinbaum Pardo arranca tercer año de gobierno, ¿Fortaleza política o cuentas pendientes? La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo inicia su tercer año de gobierno con un dato que cualquier presidente quisiera presumir, una aprobación cercana al 70 por ciento, nada mal. Pero en política, las encuestas son como los espejos, reflejan una imagen, aunque no siempre muestran todo lo que existe detrás. La presidenta Sheinbaum Pardo llega con capital político, con MORENA fortalecido y con la narrativa de que la llamada “Cuarta Transformación” avanza hacia su segundo piso. También presume una reducción importante de los homicidios desde el inicio de su administración. Pero no todo es miel sobre hojuelas, porque existe descontento social, inseguridad, una relación cada vez más compleja con los Estados Unidos, incertidumbre sobre el futuro del tratado comercial y, para acabarla de amolar, varios asuntos incómodos dentro de su propio movimiento. Y ahí está precisamente el detalle. Porque gobernar con 70 por ciento de aprobación es una cosa, pero gobernar con problemas que pueden convertirse en crisis políticas es otra cosa muy distinta. Al haber entregado su Segundo Informe al Congreso, Claudia Sheinbaum Pardo se encuentra formalmente en una etapa diferente de su administración. Ya no se trata solamente de consolidar el proyecto heredado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sino que debe de demostrar que su propio sello puede sostenerlo. Y el calendario político tampoco perdona, porque la mirada ya se encuentra puesta en el 2027, cuando MORENA enfrentará una prueba por demás importante en las urnas. Por esto, la gira de Claudia Sheinbaum Pardo por las 32 entidades no solamente será una pasarela para presumir obras, programas y resultados, sino que también será un gigantesco termómetro político. Porque una cosa es llenar plazas, y otra cosa muy diferente, es resolver los problemas que tienen hasta la coronilla a los ciudadanos. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo tendrá que medir algo más que aplausos: inseguridad, economía, empleo, servicios públicos, campo, salud y, sobre todo, el humor social. Y tendrá que hacerlo mientras algunos integrantes de su propio movimiento le generan más dolores de cabeza que sus adversarios. El mensaje parece claro: Claudia Sheinbaum Pardo conserva fuerza, pero ahora comienza la etapa en la que esta fuerza tendrá que convertirse en resultados. Porque el tercer año de gobierno ya no permite vivir solamente de la herencia política de AMLO, ni de la popularidad presidencial. Ahora toca demostrar que el “segundo piso” no es solamente discurso, sino que tiene cimientos. Y 2027 será el primer examen serio. Si MORENA sale fortalecido, Claudia Sheinbaum Pardo llegará con mayor margen para consolidar su proyecto. Pero si los problemas se acumulan, las encuestas pueden comenzar a contar otra historia. Y en política, ya se sabe que cuando las urnas hablan, hasta las encuestas se quedan calladas…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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