

Xalapa, Veracruz.- El brote de sarampión que tiene en jaque al Centro Estatal de Cancerología de Xalapa no es un “caso aislado” como quiere venderlo el gobierno. Es un brote que lleva más de una semana y que la administración de Rocío Nahle intentó manejar en lo oscurito hasta que la federación los exhibió.
La Secretaría de Salud Federal tuvo que venir a hacerles la chamba: confirmó *16 contagios dentro del hospital que atiende a niños con cáncer*. 12 de ellos son el propio personal de salud. Es decir, ni siquiera los que cuidan a los pacientes más vulnerables estaban vacunados o protegidos.
Y lo más grave: las muertes.
Federación reporta *dos fallecidos* por sarampión en el brote. Una niña de 10 años que ya luchaba contra un linfoma y un joven de 22 años.
¿Y qué dice la gobernadora? Que solo es uno. Que ella “tiene otros datos”. La misma frase de siempre.
> “Yo tengo el dato de un menor… Vi que la Secretaría de Salud federal mencionó a dos personas, pero yo tengo el dato de un menor”.
La vieja confiable de la 4T: si la cifra no conviene, se niega. Si el brote es grande, se minimiza. Primero dicen que no pasa nada, luego que ya estaba controlado, luego que es culpa de alguien más.
Nahle asegura que avisaron hace una semana a la federación y que hay 250 mil vacunas. La pregunta es: ¿para qué avisaron si no hicieron cerco a tiempo? ¿Por qué el personal del CECAN, que atiende a niños inmunodeprimidos, se contagió? ¿Dónde están esos 1.5 millones de vacunas que presumen si hoy el sarampión —una enfermedad que estaba erradicada— está matando dentro de un hospital oncológico?
No es un problema de vacunas, es un problema de un sistema que colapsó. Quieren tapar un brote en un hospital de cáncer con el discurso de “todo está bajo control” mientras los trabajadores de la salud piden cubrebocas porque no hay ni protocolo.
Esconder una muerte no la borra. Negar dos muertes no salva a la niña de 10 años que murió contagiada dentro del hospital donde buscaba curarse del cáncer.
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