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- Oscar Flores

Vuelve el fuero, vuelve la impunidad: el senador Inzunza regresa a su escaño como si nada

Vuelve el fuero, vuelve la impunidad: el senador Inzunza regresa a su escaño como si nada
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Enrique Inzunza Cázarez volvió al Senado desde el pasado lunes. Sonriente, con traje, ocupando su escaño de primera fila entre los morenistas. Como si no estuviera acusado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de presuntos vínculos con el crimen organizado.

El Senado lo recibió sin un reclamo, sin una comisión investigadora, sin un exhorto para que rinda cuentas. La impunidad en su máxima expresión.

Recordemos los hechos: el 28 de abril de este año, el gobierno de Estados Unidos acusó formalmente a Inzunza de ser parte de una red de protección a Los Chapitos, junto a otros nueve funcionarios de Sinaloa. La acusación es grave: facilitar operaciones, protección institucional y presuntos nexos con el Cártel de Sinaloa.

¿Qué hizo la justicia mexicana? Nada. ¿Qué hizo el Senado? Nada. ¿Qué hizo Morena? Pedirle que se saliera de la bancada para no manchar la foto.

Y eso hizo Inzunza. El 26 de agosto renunció al grupo parlamentario de Morena. No por dignidad, sino por cálculo. Así, con un movimiento cosmético, le quitó presión a su partido. Se declaró “senador sin partido” y se mantuvo con lo más importante: el fuero.

Él mismo lo reconoció en conferencia de prensa: “El fuero me permite no acudir obligatoriamente a determinadas citaciones, pero acudiré las veces que sea requerido”. Traducción: tengo fuero y lo voy a usar si me conviene.

Ese es el problema. En México el fuero ya no es una garantía legislativa, es un escudo contra la justicia.

Mientras cualquier ciudadano señalado por narcotráfico estaría detenido o al menos bajo investigación con medidas cautelares, un senador acusado por Estados Unidos entra y sale del Pleno, vota reformas constitucionales, preside comisiones y se ríe de las acusaciones con frases de “no soy narco-nada”.

¿Qué tipo de mensaje manda el Estado mexicano?

Si el gobierno de la 4T realmente combate la corrupción y no protege a nadie, como dice la presidenta Claudia Sheinbaum todas las mañanas, debería hacer tres cosas de inmediato:

1. Retirarle el fuero. El artículo 111 constitucional es claro. Cuando hay elementos suficientes, se procede al desafuero. ¿Qué más elementos necesita la Fiscalía que una acusación del Departamento de Justicia de EE. UU.?

2. Investigarlo a fondo. La FGR dice que hay carpeta abierta. Pero Inzunza sigue despachando en Culiacán y en la Ciudad de México sin ningún citatorio público, sin aseguramiento de cuentas, sin cateos, sin nada. Una investigación sin actos de investigación no es justicia, es simulación.

3. Dejar de protegerlo. No basta con sacarlo de la bancada de Morena. Si vota con Morena, legisla para Morena y fue operador jurídico de Rocha Moya en Sinaloa, sigue siendo Morena. Sacarlo del grupo parlamentario es lavarse las manos. Protegerlo es mantenerlo en el escaño.

Hoy el senador Inzunza es la prueba viva de que en México puedes ser señalado de narco-senador y volver a tu curul como si nada pasó. Con la protección del gobierno en turno y con un fuero que lo hace intocable.

Si no hay nada que ocultar, que se quite el fuero y enfrente las acusaciones. Si hay algo que ocultar, el Senado es cómplice.

La ciudadanía no pide venganza. Pide igualdad ante la ley. 

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