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- Oscar Flores

Cómo el gobierno hizo que el cigarro pirata fuera mejor negocio que el legal

Cómo el gobierno hizo que el cigarro pirata fuera mejor negocio que el legal
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Los Mochis, Sinaloa.- En una tiendita, una cajetilla de Marlboro cuesta 110 pesos. En el crucero de a dos cuadras, el viene-viene vende la misma cajetilla, misma marca, mismos colores, en 15 pesos.

La diferencia no es calidad. Es que una paga impuestos y la otra le paga al crimen organizado.

Esa es la historia que no quiso ver Hacienda cuando aprobó el paquetazo fiscal para 2026.

Desde el 1 de enero, el IEPS al tabaco pasó de 160% a 200%, más 85.16 centavos por cada cigarro. La promesa era de salud pública: que fumar saliera tan caro que la gente dejara de fumar.

La gente no dejó de fumar. Dejó de comprar legal.

Datos de la ANPEC, que representa a los pequeños comerciantes, revelan el fracaso en números:

– En 2021 se vendían 34 mil 80 millones de cigarros legales.
– En 2025 se vendieron 30 mil 160 millones. Caída de 11.5%.
– Pero esos 4 mil millones no desaparecieron. Migraron al mercado negro.

Hoy, uno de cada cuatro cigarros que se fuma en México es pirata. 23.3% del mercado total. 9 mil 190 millones de cigarros sin trazabilidad, sin control sanitario, sin impuesto.

Y la recaudación se desplomó. El SAT presume que subió impuestos para recaudar más. En febrero de 2025 recaudó 1,567 millones por tabaco. En febrero de 2026, después del aumento, recaudó 199 millones. 87% menos.

¿Quién ganó?

No ganó el no fumador. El cigarro suelto se vende en 5 pesos afuera de las secundarias, sin que nadie pida INE.

No ganó el tendero. Ahora es delito vender pirata. Si te cacha el SAT o Cofepris, te clausuran y te pueden dar hasta 9 años de cárcel. La ANPEC lanzó la campaña “Vender cigarros pirata no vale la pena” porque los están extorsionando: o pagas piso al crimen para que te dejen vender pirata, o no vendes nada.

Ganó el contrabandista. La brecha de precio es tan obscena que importar contenedores de cigarros chinos o indios falsificados y distribuirlos en el Metro de la CDMX, en centrales de autobuses de Sinaloa, Sonora y frontera, deja más margen que la droga.

Cuauhtémoc Rivera, de ANPEC, lo resume brutal:

“El pequeño comerciante no es el villano de esta historia, es una de las víctimas. Cada cigarro pirata que se vende significa menos margen para el pequeño comercio, menos recaudación para el Estado y más espacio para el crimen organizado”.

México quiso aplicar la receta de Australia y Reino Unido: impuesto altísimo al tabaco. Pero olvidó que allá hay aduanas que funcionan y aquí entran tráileres de cigarros ilegales por el Suchiate y por Manzanillo.

El resultado es el peor de los dos mundos: el Estado recauda menos, la gente fuma producto más tóxico y sin filtro, y el único que hace negocio es el que no paga impuestos.

Más impuestos. Más piratería. Esa fue la ecuación. 

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