Por Juan Manuel Partida Valdez
Por los antecedentes de otros ataques directos desde la UAS en contra mía y de mi familia, quedo convencido de que el narco rector rabioso es quien realmente me amenaza de muerte.
Usa a sus bots informáticos para ello.
Las dos más recientes amenazas contra las que ya presenté denuncia formal se dieron en publicaciones contra Rubén Rocha Moya y sus hijos.
Lo veo como un engaño de los verdaderos perpetradores.
Es el modo lo que termina delatando que esas amenazas son por ordenes de Jesús Madueña Molina.
Atacarme junto con mi familia, fue la fórmula ideada desde hace más de un año desde la rectoría.
La encabezaron con el miserable Wilfrido Ibarra y con algunos de sus arrastrados de Radio UAS.
No son casualidades ni copias de otros; es lo mismo, de los mismos.
No es pura sospecha, sino certeza que sale del sentido común.
Tanto Madueña como la lewinsky han demostrado sobradamente que son puro rufián.
Miserables, corruptos y hasta cómplices de asesinos.
Resulta inconcebible que un súper rata como el rector grite que quiere salvar a la UAS cuando lo único que ha hecho es saquearla.
Tiene razón en ponerse furioso porque a cada rato exhibo sus raterías, pero es culpa de él y de nadie más.
Tampoco tengo nada que ver con el hecho de que la DEA lo tenga investigado y en proceso de acusación por presuntos vínculos con los narcos.
Que lo indaguen por las complicidades que se le atribuyen en el asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda.
Es para matarnos de la risa que luego de los procesos penales en contra y los perdones de tipo político crean que nos pueden seguir engañando.
Madueña es muy corrupto, y está sobradamente demostrado.
Lo del willy también resulta inconcebible.
Todos sabemos que se vende al mejor postor, por unos pesos.
Es por eso que un tiempo nos dijo que Rocha era lo peor y ahora nos asegura que es lo mejor de lo mejor.
Dentro y fuera de la universidad, la lewinsky es señalada como un estafador y un bandido del micrófono.
Y con esas características, tiene la desfachatez de erigirse como adalid y ejemplo del periodismo en Sinaloa.
No es broma.
Así se presenta casi todos los días.
Con qué cara reclama que se le cierren espacios para seguir difamando, cuando desde la radio ha difamado a muchas y a muchos, y a todos les negó públicamente el derecho de réplica.
Tanto el enamorado rector como la lewinsky de la UAS son sólo una muestra del por qué de tanta pudrición en nuestra amada casa de estudios sinaloense.
Son de lo peor, y ni tantita vergüenza les da.
Ejemplo de degradación moral e institucional al traicionar al maestro Cuén Ojeda, que tanto los apoyó.
Hoy se arrastran entre los estercoleros de las impudicias universitarias, con desaforado amor a quien es considerado el principal asesino de Melesio.
Tengo a ambos en mi lista de enemigos, y razones hay de sobra.
Nunca le perdonaré a Madueña que sin razón haya corrido a mis hijos de la UAS.
No tengo afanes de venganza, pero no cejaré en hacerle pagar por sus ataques contra mi persona y contra mi familia.
Es un asunto de verdad y de justicia.
Porque se llevan deben aguantarse el que se cree dueño de la UAS y su monstruito el nachas prontas, y no lo digo porque le encante correr para tercera sino por la pasión que le pone a cumplir las órdenes del rector.
Por más que amenacen y usen a compañeros periodistas, y que luego los denuesten como faltos de valor.
Desvergonzados, los pelafustanes uaseños me la volverán a mentar por mi columna de hoy.
Se tirarán al suelo y criticarán otra vez mi periodismo tan “poco profesional”.
Y me reiré de lo lindo, se los adelanto.
Me disculpo con mis apreciados lectores por tener que personalizar el Altoparlante de hoy, pero debo reiterar que es también un asunto público.
Resulta necesario y hasta obligado tocar este tema porque siguen atacando y denostando sin razón a mis hijos, muchachos buenos que ninguna culpa tienen de los pleitos entre el narco rector y quien esto escribe.
No se vale y de ninguna manera puedo ser indiferente.
Quienes me conocen saben que no me dejo de nadie, y menos cuando se afecta a mis seres más queridos.