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Haciendo leña del árbol caído en Sinaloa

Haciendo leña del árbol caído en Sinaloa

Haciendo leña del árbol caído en Sinaloa. La salida de Julio Berdegué de la Secretaría de Agricultura -anunciada con la épica de un post en X- no es una despedida: es un cambio de camerino. En política, cuando alguien “renuncia”, no se va, tan solo lo mueven. Cómo mueble incómodo en una sala nueva. Porque aquí nadie pierde su chamba, nomás cambia de escritorio o de nómina. Y para que no exista ningún vacío existencial, entra Columba López. Porque en la política mexicana las sillas no se enfrían, tienen calefacción permanente. Pero lo sabroso no es el relevo, lo sabroso es el subtexto. Porque el propio Berdegué ya avisó que se queda en el equipo de Claudia Sheinbaum, ahora en esto que suena muy elegante: “negociaciones internacionales sectoriales”. Traducción simultánea: sigue en el juego y cerca del poder, muy cerca. Y entonces la pregunta que pica más que mosquito en agosto: ¿Esto es un retiro o un calentamiento? Porque si algo hemos aprendido en este país es que las piezas no se mueven solas, las mueven. Y cuando se mueven, es porque alguien ya decidió cómo va a quedar el tablero político, aunque el público siga creyendo que esto es improvisación. En Sinaloa, el nombre de Rubén Rocha Moya seguía firme. Rocha decía que no renunciaba, que se quedaba, que todo estaba tranquilo. Y claro, en política cuando alguien dice “no me voy”, lo que en realidad está diciendo es: “no me he ido todavía”. Porque aquí el libreto es otro: primero se niega, luego se matiza, después se “reconsidera” y al final se anuncia como si fuera decisión propia. Democracia dirigida, le dicen algunos; coreografía institucional, le dicen otros. ¿Que si podría venir un relevo desde el centro? Por favor, en México las decisiones importantes siempre han sido “federales”, aunque el problema sea regional. Y cuando el guión baja de nivel nacional, no baja para sugerir, baja para ejecutarse. Lo verdaderamente entretenido es cómo se arma el escenario: uno sale “por nuevos retos”, otro aparece “por experiencia”, y todos coinciden en que es “por el bien del estado”. Aquí nadie pierde, nadie falla, nadie se equivoca. Aquí todo es estratégico, hasta lo que parece accidente. Y mientras tanto, el ciudadano viendo la función como extra sin diálogo, pagando boleto, claro. Porque al final esto no es política es meramente puro teatro. Con producción de alto nivel, actores disciplinados y un público que ya se sabe el final, pero igual lo aplaude. Y como dirían los clásicos de la protesta incómoda: el poder no se cae, sino que se recicla…

De la tómbola al despacho: mérito, azar y continuidad. En la política mexicana el problema no es llegar rápido, el problema es explicar cómo. Yeraldine Bonilla Valverde tiene tan solo 33 años de edad y ocupa la oficina principal en Sinaloa. Una historia que, en cualquier otro contexto, se vendería como ejemplo de movilidad social, aquí se vende como continuidad institucional. Porque más allá del discurso sobre esfuerzo y vocación de servicio, no sólo llama la atención de dónde viene, sino la velocidad con que llegó: Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Autónoma de Sinaloa, Trabajo comunitario, Participación social, y luego, el salto. Primero, la política tocó a la puerta o más bien la tómbola. 2018: diputación plurinominal. 2021: Secretaría de Seguridad Pública. 2025: Secretaría General de Gobierno. 2026: gobernadora interina. Escalera que no se sube, sino que toma elevador. Y todo dentro del mismo ecosistema político: Movimiento Regeneración Nacional (MORENA). Porque en este país, la experiencia puede ser discutible, pero la cercanía nunca es opción. Ahora bien, el detalle incómodo: la Constitución local establece que ante falta temporal del gobernador, quien asume es el secretario de Gobierno como encargado del despacho, pero aquí no hubo encargo, hubo nombramiento. Legal lo es, ortodoxo es debatible, conveniente lo bastante. Y entonces aparece la narrativa oficial: responsabilidad, honor, compromiso, continuidad, palabras que suenan bien sobre todo cuando no se habla del contexto que las hizo necesarias. Porque esto no ocurre en el vacío, ocurre en medio de licencias, acusaciones, deslindes y resistencias. Ocurre cuando el tablero se está acomodando y alguien tiene que cuidar la silla. No se trata de cuestionar el origen, se trata de cuestionar el proceso. Porque en política, el mérito no siempre es el problema. El problema es cuando parece secundario. Y mientras tanto, el mensaje es claro: todo sigue igual. Mismo grupo, misma línea, misma narrativa, solo cambian los nombres no el guión. Pero eso sí, hay que reconocer algo: pocas cosas funcionan tan bien en México como la sincronización política. Todo ocurre en el momento justo, con las personas correctas y bajo la explicación adecuada. Aunque la explicación no siempre convenza. Porque al final de cuentas, en este país no se trata de quién llega, se trata de quién decide que llegue, y eso, curiosamente, nunca se somete a ninguna tómbola…

En Sinaloa no solo hay relevos, hay herencias políticas con aroma a familia. Llega al Congreso del Estado de Sinaloa el guamuchilense Lauro Gallardo Castro, no por sorpresa democrática sino por esta vieja tradición del “yo me voy, pero dejo a alguien de confianza”, muy de confianza. Este relevo no es cualquier relevo: sale Bernardino Antelo Esper con licencia indefinida y entra el tío político. Así, sin rubor. Porque en la política local, los lazos de sangre no estorban, pero si lubrican. Gallardo Castro no llega verde, llega “experimentado y colmilludo”, forma parte de la corriente política del grupo de “Los Perfumados”. Aquí no se trata de ideas frescas ni de proyectos renovadores, se trata de administrar espacios, de cuidar cuotas, de que el poder no se salga del círculo cercano. Y entonces el Congreso del Estado de Sinaloa, ese que debería ser caja de resonancia ciudadana, termina pareciéndose más a una sala de espera familiar: uno se levanta, otro se sienta y todo queda en casa. Sin sobresaltos, sin riesgos, sin ciudadanía de por medio. No es ilegal, es peor, porque lo hacen ver normal, tan normal que ya ni sorprende. Se anuncia como relevo institucional lo que en realidad es continuidad de grupo, de apellido. Así que sí, toma protesta otro diputado guamuchilense, con experiencia, con colmillo y con árbol genealógico incluido en el currículum. Porque en esta versión de la política, más que representación popular, lo que se practica es la administración de la familia…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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