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Salud en pausa: cuando ni al personal le cumplen

Salud en pausa: cuando ni al personal le cumplen

Salud en pausa: cuando ni al personal le cumplen. En el Centro de Salud (SSA), la crisis ya no puede esconderse. Los Trabajadores del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud Sección 44, tuvieron que decidir por parar labores por una razón tan básica como grave: la falta de pago de la quincena. Esto no es ningún caso aislado, puesto que no es la primera vez que esto sucede, sino que ya es un patrón que se repite cada día. Cuando el personal de salud tiene que protestar para recibir su quincena, algo está profundamente mal. Porque quienes sostienen el sistema, ni siquiera tienen garantizado su propio sustento. Este paro laboral tiene sus consecuencias inmediatas: suspensión de consultas, vacunas y servicios esenciales. Y como siempre, el impacto recae en los mismos de siempre: los pacientes. Gente que no puede esperar, gente que no tiene otra opción. Y en el fondo aparece un problema mayor: la fragilidad del sistema de salud en la región del Évora, mismo que se agravó tras haber cerrado el Hospital General de Guamúchil. Menos infraestructura, menos recursos, más presión. El resultado es por demás que evidente: falta de medicamentos, incertidumbre laboral, y, además, derechohabientes atrapados en medio de una crisis que no provocaron ellos. Aquí no se trata de culpar al trabajador que protesta justificadamente. Se trata de preguntarse por qué se tuvo que llegar a todo esto. Porque, si usted no lo sabía, estimado lector, el trabajador del sector salud no vive del aplauso ni del reconocimiento institucional. Vive -como millones-de un ingreso puntual que le permita cumplir con sus compromisos. Créditos, préstamos bancarios, pagos que no admiten retrasos y que, además, generan intereses día tras día. Y ahí es donde el problema deja de ser administrativo para convertirse en profundamente injusto. Porque mientras el gobierno se retrasa, el banco no. Mientras la burocracia se toma su tiempo, los intereses siguen corriendo. Al sistema financiero poco -o nada- le importa si al trabajador no le pagan en tiempo y forma; la deuda no se detiene, no se congela, no espera. Así, el personal de salud no solo enfrenta la carga de sostener un sistema que constantemente los rebasa, sino también el peso de una deuda que crece en silencio, pero sin tregua.Porque pagar a tiempo la quincena no es un favor, es una obligación extra legal. Y garantizar servicios de salud no es discurso, es responsabilidad. Al final de cuentas, la frase cae por sí sola, como diría Marco Antonio Solís El Buki: ¿A dónde vamos a parar?…

Culiacán: más cámaras ¿más seguridad? El flamante alcalde de Culiacán, arquitecto Juan de Dios Gámez Mendívil, anunció la instalación de 100 nuevos puntos de videovigilancia, como parte de un proyecto que contempla hasta 200 en coordinación con la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). En el papel, suena muy bien, pero en la realidad, genera muchísimas dudas. Porque no es la primera vez que se invierten millones cantidades de dinero en este tipo de cámaras. Y, sin embargo, la percepción ciudadana no cambia al mismo ritmo que la infraestructura. Las escenas son por demás conocidas: cámaras vandalizadas, equipos fuera de servicio, o grabaciones que captan el delito, pero no logran evitarlo ni esclarecerlo. Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿Estas cámaras están disuadiendo el crimen o solo documentándolo? Porque la tecnología, por sí sola, no resuelve nada, porque sirve, si hay reacción inmediata, si hay investigación, si hay consecuencias. De lo contrario, esto llega a convertirse en un sistema muy costoso de observación pasiva. El problema de fondo no es la inversión en videovigilancia, es la ausencia de una estrategia integral. Porque mientras no existan policías suficientes, bien capacitados y bien coordinados, mientras la Fiscalía General del Estado de Sinaloa (FGES) no garantice investigaciones eficaces, mientras no existan resultados visibles en detenciones y sanciones, las cámaras serán solo eso: testigos mudos. Innegablemente invertir en tecnología es necesario, pero invertir sin resultados medibles, es repetir la misma apuesta esperando un resultado distinto. Y la ciudadanía ya no evalúa estos anuncios, evalúa los resultados reales, los cuales no se ven por ningún lado. Porque al final, la seguridad no se mide en número de cámaras, se mide en la tranquilidad de poder salir a la calle…

Pedro Lobo: sobrevivir no es lo mismo que representar. En política hay perfiles que destacan por resultados y otros por su capacidad de mantenerse. El flamante diputado local Pedro Alonso Villegas Lobo parece encajar en esta segunda categoría. Con varios años dentro del Congreso del Estado de Sinaloa, su trayectoria no se distingue precisamente por iniciativas de alto impacto o posicionamientos que marquen agenda pública. Más bien, deja la impresión de un operador que entiende bien las reglas del poder, pero no necesariamente las de la representación ciudadana. Y esto vaya que pesa. Porque permanecer no es sinónimo de construir. Y alinearse no equivale a liderar. Su cercanía con la estructura de MORENA ha sido constante, lo que le ha permitido sostenerse en el juego político. Sin embargo, la pregunta de fondo sigue sin responderse: ¿Qué ha cambiado gracias a su paso por el Congreso? En política, la lealtad interna puede abrir puertas. Pero es el trabajo público el que debería justificarlas. Cuando un legislador no logra conectar con resultados tangibles, con propuestas claras o con una agenda reconocible, su papel se diluye. Y lo que queda no es liderazgo, sino permanencia. El problema no es que existan operadores. El problema es cuando sustituyen a los representantes. Porque el Congreso del Estado de Sinaloa no está diseñado para administrar inercias, sino para generar soluciones. Y cuando esto no ocurre, la ciudadanía empieza a desconectarse. Al final de cuentas, la pregunta es por demás inevitable: ¿Se está ocupando un espacio de poder o se está honrando? Porque en política, tarde o temprano, la factura no la pasa el partido, la pasa la ciudadanía…

Feminicidios: cifras que acusan al sistema. Desde la tribuna de la cámara alta, la senadora Paloma Sánchez Ramos puso el dedo en la llaga: la impunidad en México no es una excepción, es la regla. Particularmente en los delitos contra las mujeres. Las cifras son demoledoras: en la última década se han registrado más de 330 mil denuncias por delitos sexuales, lo que equivale a alrededor de cuatro agresiones por hora. Sin embargo, apenas una fracción mínima ha llegado a una sentencia condenatoria. El resultado es brutal: más del 90% de los casos quedan en la impunidad. Y en el caso del feminicidio, el panorama no es mejor. Estados como Sinaloa enfrentan serios cuestionamientos por la falta de resultados judiciales, donde una gran parte de los casos no concluye con condenas. Aquí el problema no es solo la violencia. Es la ausencia de justicia. Porque cuando no hay castigo, el mensaje es claro: se puede repetir. Ante este escenario, la propuesta de crear una Ley General en Materia de Feminicidio busca homologar criterios, cerrar vacíos legales y obligar a las autoridades a actuar con mayor eficacia. Pero la ley, por sí sola, no resuelve. Sin instituciones que investiguen bien, sin fiscalías que integren correctamente los casos y sin jueces que actúen con rigor, cualquier reforma corre el riesgo de quedarse en el papel. El llamado de la senadora Paloma Sánchez no es menor. Pero el reto es mucho mayor, porque en México, el problema no es que falten leyes, es que la justicia no llega. Y mientras esto no cambie, las cifras seguirán creciendo y la impunidad seguirá mandando…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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