MORENA Y SUS DILEMAS…

Benjamín Bojórquez Olea

14 Agosto 2019

SOBRE EL CAMINO

Gobernar es oficio superior que no pueden desempeñar los improvisados. En el ejercicio de la función pública en nuestro país y estado sinaloense no todo es programa, objetivos, metas, acciones de corto y largo plazo, anuncios espectaculares, frases rimbombantes, eventos de impacto mediático; hace falta la experiencia que proviene del conocimiento de las profundidades que rodean los entretelones, y el funcionamiento real del complejo estatal mexicano. Son pocos los políticos, que han llegado a entender a cabalidad cómo funciona la política en México y Sinaloa. Uno de ellos es Juan S. Millán Lizárraga. El ex gobernador sinaloense es un personaje mítico para el priismo, influyente en grupos y camarillas que emergieron al amparo o en contra del poder sexenal. La experiencia acumulada por este personaje, es muy actual para los nuevos tiempos que corren. En su actual y vigente etapa como político, a manera de crítica de la pretensión del salinismo, de presentarse como lo novedosamente correcto en la política mexicana: gobernar exige experiencia, serenidad y vocación; gobernar es, sobre todo, tener la mirada y el oído alertas; gobernar es oficio superior que no pueden desempeñar los improvisados y mucho menos los improvisados soberbios. En los tiempos actuales la política en nuestro país se llenó de advenedizos, de improvisados. De la noche a la mañana, aprovechándose de las circunstancias, del esfuerzo opositor de pocos, de modo por demás oportunista y convenenciero, se montaron en la ola del hartazgo social. La inexperiencia y temor de quienes en su faceta de opositores nunca imaginaron lo que significa legislar y gobernar municipios que requieren desarrollo y diplomacia gubernamental. Se han hecho más fuertes, justo porque el segmento que fue genuinamente partidario del cambio político, de la democracia, de un modo nuevo, honesto de hacer política, no ha tenido “la mirada y el oído alertas” o bien han hecho caso omiso del daño potencial que harán a los afanes renovadores por cambiar las pretensiones de un buen gobierno. En vez de hacerle caso a la unidad adaptaron en sentido inverso la frase salinista: a quienes fueron sus más acérrimos adversarios, los escuchan, los ven y los apapachan. El problema no es la inexperiencia en sí misma. La condición neonata es natural porque en el ascenso de nuevas elites siempre hay una curva de aprendizaje. Por otro lado, los múltiples compromisos hechos en campaña con grupos, organizaciones y actores nacionales y locales provocan mayor complejidad en el ejercicio gubernamental. La combinación inexperiencia-soberbia, es de suma negativa en la política. Si a la falta de conocimiento de la cosa pública se le agrega la altanería, la insolencia, el desplante, el efecto es: el fracaso, la derrota, la humillación. No son pocos los políticos que ascendieron en la última elección y que han dado sobradas muestras de ineptitud. Son abundantes las escenas de soberbia supina. Lo delicado del asunto es que, para cubrir su incapacidad, hay casos excepcionales, desde luego, pero es indudable, que el traje del político sinaloense, Juan S. Millán Lizárraga, bien puede quedar a muchos noveles políticos de clase local y nacional.

GOTA Y CHISPA:

Es probable que ello sea la razón por la cual, en vez de desmontar la estructura morenista en Sinaloa, hoy veamos figuras del pasado incrustados en él. La nueva clase política de Morena, además de inexperta y soberbia es ingenua. Con ellos compartiendo el poder no se podrá desmontar nada. ¿Y la militancia de Morena? Sin duda en el silencio. Se ha desdibujado en muy corto tiempo. Muy pocos advierten los riesgos de mantener intacta la red de intereses, conductas clientelares y relaciones mafiosas personalizadas por un cúmulo de operadores de medio cuño, que en muy corto tiempo se han vuelto intocables ante la pasividad y autocomplacencia de mentes que tendrían que ser activas e incisivas en el nuevo gobierno federal. Por el contrario, han optado por los aplausos fáciles, el elogio y el auto marginación, sepultando las aspiraciones legítimas de un partido que al menos en Sinaloa, no acaba de consolidarse, que ha sido condenado a quedar en los márgenes del poder público gracias a la inexperiencia y soberbia de la nueva elite política local. Pareciera tener razón el actual director del Fondo de Cultura Económica y prominente miembro fundador de Morena, Paco Ignacio Taibo II, al señalar que Morena, “…se ha convertido en un partido blandengue, burocrático, electoralista, busca chambas, de ascenso de la pirámide…y su dirección, parece dirección de la Lotería Nacional y no de un partido político”. El uso de mercenarios de la política para sustituir experiencia, siempre tendrá efectos nocivos, y si no al tiempo… “Nos vemos Mañana”…



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