INTERÉS = A RETROCESO

Benjamín Bojórquez Olea

19 Marzo 2019

SOBRE El CAMINO

En mis horas de ocio me puse a analizar el comportamiento de la humanidad y del verdadero sentimiento de mi querido México. Hace más de cuatro décadas la historiadora francesa Michelle Perrot decía que escribir la historia de las mujeres era posible pero que enseñarla era más problemático. ¿De qué estaba hablando Perrot cuando escribía estas palabras? Ella buscaba hacer visible la distancia entre la fortaleza y la calidad de las investigaciones en los ámbitos universitarios y la debilidad de la enseñanza de la historia con perspectiva de género en la educación primaria, secundaria y superior. Y lo que hace aún más visible esa distancia es el renovado interés por las cuestiones de género y los debates feministas y el movimiento internacional sobre los derechos de las mujeres y las violencias contra ellas y de género. Transcurrió ya casi medio siglo desde la formación de los primeros centros de investigación de historia de las mujeres y de género en algunas universidades. Esos estudios constituyen un campo reconocido de investigación y cuentan con numerosas publicaciones, pero el desafío del presente sigue siendo la enseñanza. De modo que se puede afirmar que los cambios en el conocimiento del conjunto de las ciencias sociales, y de la historia en particular, reclaman transformaciones en la enseñanza de la misma en todos sus niveles y en particular en la formación de profesores y maestros. Desde mi punto de vista, tiene que haber una convergencia entre las concepciones historiográficas y las prácticas en el aula. Diría, en palabras de los pedagogos, que el currículum tiene que ser transformado radicalmente y que eso no es para nada fácil, pues inmediatamente se producen reacciones en el campo político, religioso y cultural. Además, uno de los temas más importantes de la agenda feminista es el relacionado con los complejos mecanismos de la violencia. En esta materia el gran desafío sigue siendo también la educación, pues la creciente visibilidad del tema, sobre todo en los medios de comunicación, y la importancia que tiene establecer protocolos para la acción, colocan en tensión nociones incorporadas al “habitus” de la violencia cotidiana y las prácticas institucionales. Por eso, cada vez más, se plantea la pregunta sobre qué hacer con el dilema de una educación impregnada de micro-machismos y formas patriarcales de actuación. Si a partir de las investigaciones se construyeron espacios institucionales como los institutos de género, que cualquier examen minucioso podría caracterizar como de un notable crecimiento en casi todos los países, no puede decirse lo mismo para la educación. Ese tipo de formación queda casi circunscripta a las escuelas de humanidades, es casi inexistente en facultades como medicina y derecho que son fundamentales para modificar las prácticas tanto en materia de salud como en el ámbito de la justicia. Este dato hace más dramática la existencia de casos de niñas violadas que se ven expuestas a profesionales médicos que dilatan cualquier interrupción del embarazo, así como están sometidas a los vericuetos de la justicia. Los otros niveles educativos no están al margen, podría decirse que los presupuestos básicos de las diferentes disciplinas que las teorías feministas han cuestionado, a pesar de su vigor e importancia, no ha entrado en las aulas o ha entrado parcialmente, en general se mencionan los problemas al pasar, a veces se repiten las interpretaciones convencionales de los textos canónicos de historia, de modo que se presta escasa atención a los nuevos conocimientos. Hay entonces una abundante bibliografía sobre una miríada de problemas y temas, siendo indispensable achicar la brecha entre las opiniones sin basamento y la reflexión informada. Los estudios de género son incompatibles con la historiografía tradicional.



GOTA Y CHISPA:


Un verbi - gracia sirve para sostener esta idea. El libro escolar es una herramienta de trabajo importante que mantiene su vigencia aunque el uso de las nuevas tecnologías es creciente. Los manuales escolares han cambiado mucho desde los viejos libros, pero hay desniveles y son los profesores y maestros los que los seleccionan y recomiendan; aunque, es cierto también que algunos estados compran y distribuyen libros en las escuelas. ¿Qué libros?, ¿Para quiénes? y ¿Con qué usos? La formación de maestros y profesores va de la mano de los libros de texto; por eso es imprescindible incorporar nuevas preguntas sobre el poder, la justicia, las formas de violencia, la configuración de ciudadanías. Formación docente + textos inconformistas redundará en una educación más abierta y crítica de los saberes instituidos. Además, es imprescindible debatir las formas de educar en el respeto y la solidaridad, para que podamos vivir sin violencias, ni discriminaciones, ni injusticias en todo el país. El federalismo es una realidad que deja al descubierto nudos de poder que permanecen incólumes desde el siglo XIX. Si no quedará ninguna “coma” en la reforma educativa en México, entonces, cambiemos de raíz, dejando de pensar a favor de una conveniencia política personal. ¿Usted qué opina? “Nos vemos Mañana”…


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