A BETTER WORLD…

Benjamín Bojórquez Olea

11 Diciembre 2018

SOBRE El CAMINO

Entre una cosa y otra, como el amor incondicional de Trump por el príncipe de las tinieblas saudí, la farsa infinita del Brexit, la reanudación de las ligas de fútbol europeas, el mega súper califragilisti clásico argentino y final de la copa libertadores entre River y Boca, el Black Friday y los alentadores rumores de que Angelina Jolie y Brad Pitt están a punto de firmar la paz, al menos en cuanto a lo que a la custodia de sus hijos se refiere…entre tanto bullicio pasan a segundo plano noticias como la de hace poco menos de tres semanas que cuentan que han muerto de hambre 85.000 niños en la guerra de Yemen, el horror cotidiano al que el gobierno birmano somete a la minoría musulmana rohingya y la tiranía somocista que el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional se esfuerza por replicar en Nicaragua. Confieso que el resto de esta columna tratará sobre mi querido México. Sí, por amor a México. Seis largos años pasaron. Se esperaba la última foto en Instagram de quien fuera Presidente que regresara al Partido Revolucionario Institucional al poder ejecutivo y también el gran responsable de que el partido tradicional saliera de ahí y por la puerta de atrás, dejándonos un país en total incertidumbre, sin encontrar certezas inherentes en la nueva opción de cambio, pero que tampoco hemos tenido antes. Lejana la percepción de seguridad que daban los medios internacionales, la estabilidad de México como un país que garantizaba con esas reformas las rutas críticas de terciopelo para posicionarnos en competitividad o en combate a la desigualdad. No sólo eso. Ayotzinapa también es una cruel herida social que no deja de doler. Entre la confusión de una “verdad histórica”, madres y padres de familia en este país en donde la sangre sigue clamando justicia no sólo por los 43 estudiantes, sino por todos aquellos casos de desaparición forzada y otros crímenes que hasta el momento no tienen respuesta. Los privilegios, excesos, los desplantes y las insensibilidades marcaron la tendencia desde mediados del sexenio. El fracaso de esta administración como el declive de la aceptación de la gente ya visualizaba un escenario perdedor para el Presidente y, sobre todo, para su partido. El enojo se convirtió en catarsis social. De ahí las bromas, los chistes, los memes, que hicieron que el buen sentido del humor llenara las comunicaciones. Enrique Peña Nieto fue perdiendo, además del poder, el respeto. De la portada de la revista “Time” no quedó más que el recuerdo de las intenciones. De “entre los pies”, las innovaciones que también hubo y los funcionarios públicos que realmente hicieron gestiones de altura. Esto se vio opacado por esas prácticas que incluso a algunos les costó el trabajo con tal de evidenciarlas. El ex Presidente hasta el pasado viernes 30 noviembre, que tal parece que se fue desde el 1º de julio, el que iba a ser el gran reformador, se va dejando un país con muchas deudas pendientes. Un país dolido, hundido en la pobreza, sumido en la violencia, en una crisis que su sucesor aprovechó para prometer grandes proezas que todavía no sabemos a ciencia cierta si realmente puede cumplir. Toda esa fe que yo y muchos más por todo el mundo invertimos en la revolución mexicana, en Obrador y en “el nuevo Frente de derecha”, ha resultado ser otro caso más de ingenuidad juvenil. Uno tanto desea creer a los profetas de la felicidad universal, pero tarde o temprano parece que siempre te decepcionan.



GOTA Y CHISPA:


El caso del nuevo Presidente de México llama la atención por las expectativas que despertó, y no solo en la izquierda radical sino entre social-demócratas suecos y burgueses bien pensantes. Pero la lista de revoluciones que acaban en la represión, en la pobreza y en el desencanto es larguísima. Los rusos, los chinos, los cubanos, los angoleños, los venezolanos, para empezar. También a su manera los sudafricanos y los argentinos han vivido el desenlace corrupto de lo que se suponía que iban a ser gobiernos electos cuya prioridad iba a ser enriquecer al mitificado “pueblo”, no a robarle; no imitar e inclusive superar el ejemplo de los banqueros de Goldman Sachs y demás “buitres” del gran capital que con tanto fervor y con tan espectacular hipocresía habían condenado. Cuando uno llega a una cierta edad y ha visto muchas cosas y sufrido repetidos desengaños y aparece de repente otro movimiento más que dice estar comprometido con la lucha por la igualdad y la justicia y contra el neoliberalismo y la corrupción del sistema y tal, cuesta, cuesta creerles. La experiencia te mata. Uno se encuentra en una lucha casi permanente contra el escepticismo, sabiendo al mismo tiempo que no hay que dejar nunca de luchar por un mundo menos malo. Pero es difícil. Te lo ponen difícil. “Bye, Lord” también podría ser un título de canción que no quisiéramos repetir en la historia del país. “Bienvenido Sr. Presidente Andrés Manuel López Obrador”. “Nos vemos Mañana”…


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