Sinaloa aprendió a vivir con miedo: “No voltees, no preguntes, no toques el claxon”
Los Mochis, Sinaloa.- En Sinaloa ya no se enseña solo a cruzar la calle. Ahora se enseña a no voltear en el semáforo, a no reclamar en un choque, a no tocar el claxon. El miedo dejó de ser una emoción y se volvió manual de supervivencia. Una sociedad entera reprogramó su conducta para no morir por un malentendido.
Antes las mamás decían: “mira a ambos lados antes de cruzar”. Hoy dicen: “baja la mirada si pasa una camioneta polarizada”.
En casas, escuelas y grupos de WhatsApp circula el mismo decálogo no escrito:
1. No toques el claxon. Aunque te avienten el carro. Aunque te cierren el paso. Respira y sigue.
2. No sostengas la mirada. En antros, en filas, en gasolineras. Ver a los ojos ya es “reto”.
3. No preguntes. Si hay balacera, si hay reten, si se llevaron a alguien. Preguntar estorba.
4. No salgas después de las 8 pm si no es urgente. La noche ya no es de la gente.
5. No traigas colores “equivocados”. Gorras, camisas o calcomanías pueden costar caro.
Ese es el Sinaloa de 2026. Un estado donde sobrevivir depende más de tu silencio que de tu derecho.
En colonias de Culiacán, Los Mochis y Mazatlán, los niños ya distinguen el sonido de un arma de asalto del de un arma corta. Juegan a “tirarse al piso” cuando escuchan cohetes. En escuelas primarias dan pláticas de “qué hacer en caso de balacera”, pero no hay psicólogos para atender el pánico.
“Mi hijo de 7 años me dijo: mamá, si escuchamos balazos nos metemos abajo de la cama y no gritamos. Eso lo aprendió en la escuela, no de mí”, cuenta la señora Laura.
La violencia ya no solo mata cuerpos. Secuestra infancias.
Gobierno de cifras, sociedad de silencios
Mientras Yeraldine Bonilla repite en giras que “Sinaloa vive en paz” y presume reducción de homicidios en porcentajes, la calle cuenta otra historia.
La gente no denuncia robos de 2 mil pesos porque “para qué, si no hacen nada”. No testifica porque “te ubican”. No reclama un accidente vial porque “no sabes con quién te metes”.
El gobierno midió la paz en estadísticas. La sociedad la mide en silencios. Y cada silencio es una derrota más del Estado de derecho.
Decadencia social: de indignarnos a normalizar. Lo más grave no es que maten por un accionar el claxon en la calle. Lo más grave es que ya no nos sorprende.
Hemos pasado de marchar por justicia a compartir audios de “dónde están tirando”. De exigir seguridad a dar consejos de “cómo no verte sospechoso”.
Sinaloa se está acostumbrando a vivir agachado. Y una sociedad que se acostumbra al miedo, muere en vida mucho antes de que le disparen.
Mientras el gobierno siga negando que el miedo gobierna las calles y la sociedad siga obedeciendo reglas impuestas por el crimen, Sinaloa seguirá perdiendo. No solo vidas.
“No voltees, no preguntes, no toques el claxon” no debería ser el lema de un estado. Debería ser la vergüenza de un país.
Aquí te matan por respirar. Y el peor crimen es que ya lo aceptamos como normal.
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