Dispensarios médicos fantasmas en la sierra del norte de Sinaloa por la guerra entre grupos criminales
En la sierra del norte de Sinaloa curarse duele el doble. Comunidades rurales enteras se quedaron sin atención médica porque los doctores dejaron de subir. La razón: el miedo a la violencia y a la guerra entre grupos criminales que se disputa la zona.
Los dispensarios médicos que antes atendían partos, fiebres y picaduras hoy están cerrados. El personal de salud abandonó las clínicas por temor a quedar en medio del fuego cruzado. Las llaves se las llevó el miedo.
Quien se enferma en Choix, Sinaloa de Leyva o Badiraguato enfrenta horas de terracería para llegar a un hospital. Adultos mayores con diabetes, niños con infecciones y mujeres embarazadas son los más golpeados. Una simple gripa se vuelve emergencia.
Médicos y enfermeras asignados a la zona serrana prefieren renunciar o pedir cambio antes que arriesgarse. “No hay garantías para subir a trabajar”, señalan fuentes del sector salud que piden anonimato. La plaza se queda vacía y el paciente sin opción.
La disputa entre grupos criminales por el control de brechas y sembradíos convirtió a la sierra en zona de riesgo. Los enfrentamientos, bloqueos y retenes irregulares ahuyentaron no solo a maestros, también al personal médico que iba por semanas.
Sin médicos, no hay consultas, no hay vacunas y no hay control prenatal. Las brigadas de salud espaciaron sus visitas y los traslados de emergencia dependen de que algún vecino tenga camioneta y gasolina. Morir por algo prevenible se volvió una posibilidad real.
Habitantes y comisarios ejidales piden corredores seguros y presencia permanente de autoridades para que el personal de salud regrese. “No pedimos lujos, pedimos que nos dejen enfermar sin miedo a morir”, reclama un líder comunitario de la zona alta.
Hasta ahora, la Secretaría de Salud estatal no ha informado de un plan concreto para reabrir los dispensarios ni para garantizar traslados seguros. Mientras, la sierra sigue enferma y sin doctor.
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